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V Congreso Internacional "Educación y Sociedad"

LA EDUCACIÓN: RETOS DEL S. XXI

Granada 2006, 30 de noviembre y 1, 2 de diciembre



Presentación

A principio de los años setenta del pasado siglo, el sociólogo norteamericano Daniel Bell (1973), nos hablaba del advenimiento de la sociedad post-industrial, que presentaba cinco dimensiones novedosas: a) el cambio de una economía basada en la fabricación de mercancías, a una productora de servicios; b) la preeminencia de las clases profesionales y técnicas frente a los obreros no cualificados; c) la centralidad del crecimiento teórico como fuente de innovación y formulación política de la sociedad; d) el protagonismo de la tecnología y de las contribuciones tecnológicas y e) la creación de una nueva tecnología intelectual; en otras palabras, lo que conocemos como sociedad del conocimiento en términos de François Lyotard (1979). La sociedad industrial estaba siendo sustituida social, política, económica e históricamente por la sociedad post-industrial. El post-modernismo era el resultado de la crisis de todas las explicaciones globales: el marxismo, el cristianismo, el fascismo, el socialismo histórico, etc. Era la constatación de la crisis de los ideales de la Ilustración.

Francis Fukuyama (1992) escribe el epitafio de esa crisis en su popular obra, “El fin de la historia”; nos dice que la democracia liberal podía constituir “el punto final de la evolución ideológica de la humanidad” la “forma final de gobierno” y como tal caso, marcaría “el final de la historia”, no como fin de acontecimientos, claro, sino como proceso único, evolutivo, coherente. Para Marx y Hegel, la evolución de las sociedades humanas no era infinita, sino que acabaría, según Fukuyama, cuando la humanidad alcanzara sus anhelos más profundos y fundamentales. Esto es, que el capitalismo neoliberal y su sistema político era la panacea universal y la realización plena del ser humano.

La globalización

La realidad no es tan idílica. Cierto es que los avances tecnológicos han posibilitado la profunda alteración espacio-tiempo, y como decía McLuhan, (“La aldea global”, 1989): “la naturaleza del hombre está siendo traducida rápidamente en sistemas de información, que producirán una enorme sensibilidad global y ningún secreto”.

A mitad de los años ochenta, el concepto de globalización no existía. Con la desintegración de la Unión Soviética y particularmente, con la caída del muro de Berlín, en 1989, la desaparición del socialismo real, deja como único protagonista mundial al capitalismo. Globalización es la tendencia de los mercados a extenderse, alcanzando una dimensión mundial, que rebasa las fronteras nacionales. No alcanza a todas las zonas geográficas, ni actúa a la misma velocidad, en todas. En la globalización hay libertad de movimiento de capitales, libertad de bienes y servicios y libertad restringida de personas. Es, como dice Joaquín Estefanía, una globalización económica. Existe un discurso global, pero no hay globalización política, ni ecológica, ni de derechos humanos. No hay formas de regulación. Los Estados se ven sobrepasados por decisiones que se escapan a sus competencias. Existe un divorcio evidente entre los ciudadanos y las decisiones que se toman en su nombre. Vivimos en democracias de mercado, más que políticas. Existe una inversión de valores: la democracia está subordinada al principio económico y no a la inversa.

La globalización presupone exigencias a los Estados: estabilidad presupuestaria, privatizaciones, desregularización, libertad de capitales y de comercio, para entrar en el juego. Lo cierto es que de las más de 60.000 empresas multinacionales, venden a través de sus 50.000 empresas filiales el equivalente al 66% del total mundial.

La inmigración

La globalización de la mano de obra ha crecido a buen ritmo, como dice Guillermo de la Dehesa, entre 1980 y 2002, la tasa de inmigración se ha triplicado. En términos absolutos ha aumentado un 200%; de 6 millones de personas en 1980, a 180 en 2002. Los países industrializados son el polo de atracción para cientos de miles de inmigrantes que buscan mejorar su calidad de vida y asumen los trabajos no deseados por los ciudadanos de los países desarrollados. Esta situación crea problemas de integración cultural y social y de rechazo, afectando básicamente a los sistemas educativos, sanitarios y sociales.

En nuestro país, según el INE de enero, había 3,8 millones de emigrantes, aunque si contamos con los ilegales, la cifra está cerca de los cinco millones, casi el 10% de la población.. Según las previsiones, en 2010 alcanzarán la cifra de 6,5 millones, el 14% de la población. La procedencia es diversa, así como su distribución geográfica, pero el colectivo más numeroso es el latinoamericano (1.5 millones), el árabe (700.000) y los procedentes del este europeo (en torno a 600.000). Algo más de 800.000 son ciudadanos comunitarios que poseen características distintas a los anteriores, y unos 200.000 subsaharianos. El impacto en las tasas de natalidad y en las de escolarización es muy notable, en este último caso con un indudable influjo en lo que concierne a la calidad de la enseñanza en las Comunidades Autónomas con mayor presencia.

El espacio europeo de educación superior

Como decía Paulo Freire (“La naturaleza política de la educación”,1985), la teoría educativa tradicional, suprimía las cuestiones referidas a las relaciones entre el conocimiento, el poder y la dominación. Pero la escuela no es sino un agente de reproducción social, económica y cultural. El sistema educativo europeo busca la equiparación de titulaciones y conocimientos de su capital humano, para evitar disfunciones y para mejor servir a la eficiencia del sistema económico. Los principios de la economía se trasladan al campo educativo y de la investigación: la relación coste/rendimiento, la búsqueda de la calidad total, de la excelencia, la rentabilización de la inversión en investigación, el I+D+i, al servicio de la disminución de costes y el aumento del valor añadido. China y la India, como colosos humanos, se han convertido una en el taller manufacturero de la economía mundial de escala, de una parte, y la otra, en la receptora de la deslocalización de los servicios, por su dominio del inglés. La tecnología y la investigación más sofisticada, así como el control financiero sigue bajo mando estadounidense, y en menor grado japonés y europeo. La Unión Europa quiere reorganizarse, articularse en todos los terrenos, para no quedar rezagada, y el educativo es un referente esencial. Con esta finalidad ha emprendido el impulso de modernización de sus propias universidades a fin de convertirlas en agentes activos para su transformación. Los cambios en las enseñanzas universitarias deben permitir la incorporación de los nuevos desarrollos en los distintos campos y las nuevas líneas emergentes. En el ámbito internacional, recientes estudios de la OCDE inciden en la necesidad de desarrollar la diversidad y la flexibilidad de la educación superior como mecanismo para afrontar los retos de un mundo abierto y en constante transformación. La Declaración de Bolonia de 1999 puso las primeras bases. En septiembre de 2005, la Comisión Europea inició un proceso de consulta sobre su propuesta para crear un Marco Europeo de Cualificaciones para el aprendizaje a lo largo de la vida coherente y compatible con el Marco para la Educación Superior. La Estrategia de Lisboa impulsada por la UE, y más concretamente la Agenda para la Modernización de las Universidades Europeas señala la importancia de una profunda reforma curricular “basada en la flexibilidad, en la transversalidad y en la multidisciplinariedad” como mecanismo de respuesta a las necesidades de una nueva sociedad.

Es una vertebración descendente, de arriba abajo, técnica, burocrática, política, pero no esencialmente democrática, en tanto que los ciudadanos permanecen al margen de las decisiones esenciales.

La orientación

La orientación no puede quedar al margen de este flujo de transformaciones que afectan a la realidad educativa del EEES. En una realidad compleja y exigente, sometida a unas innovaciones constantes, los individuos precisan de elementos referenciales para la toma de decisiones personales y profesionales. Necesitan evaluar criterios para controlar los flujos de información a los que se ven sometidos constantemente. El Programa de Educación y Formación del Consejo Europeo establece lo que van a constituir los objetivos de la Orientación a lo largo de la vida: a) aprendizaje continuo; b) inversión eficaz en educación y formación; c) inclusión social d) desarrollo económico y eficacia del mercado laboral.

La orientación se ha vinculado también al escenario del EEES como factor de calidad. En parte, por la imperiosa necesidad de que el estudiante sea el factotum de su propia formación, “capacidad de aprendizaje continuo y de adaptación a los cambios”; para cumplimentar expectativas de formación profesional e inserción laboral, y sobre todo, para impulsar el desarrollo de competencias genéricas en un marco de gran versatilidad e incertidumbre sobre el futuro mercado de trabajo. De otra, institucionalmente, como sistema de evaluación de necesidades y servicios, para favorecer los reajustes del sistema económico.

A modo de conclusión

La misión de la Universidad, como decía Ortega, es la de difundir su sensibilidad y el conocimiento críticamente. Nuestro Congreso ha querido abordar problemas radicalmente actuales y nuestro deseo mayor es que el desarrollo del mismo haya contribuido a enriquecernos.

Armando Jiménez
Decano del CDL de Granada

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